El ensayo como ejercicio didáctico

Un ensayo es un documento escrito en el que el autor, de una manera personal, ofrece su punto de vista sobre un tema, un aspecto, una idea. El ensayo, por este matiz personal, generalmente tiene un enfoque subjetivo, pero no por ello ha de carecer de argumentos que sostenga y apoyen la exposición de sus ideas. Aunque podemos decir que no tiene una estructura fija, sí es habitual distinguir tres elementos: la presentación y cuestionamiento inicial, el desarrollo de las ideas argumentadas y las conclusiones.

Entre las características de los ensayos destacamos su extensión, generalmente breve; el estilo suele ser cercano, ameno, elegante y en ocasiones casi coloquial; excepción evidente es cuando hablamos de un ensayo académico, histórico o filosófico, donde se ha de cuidar más el estilo así como los argumentos y un enfoque más objetivo, sin dejar de lado la opinión personal, pero potenciando los argumentos.

Desde el punto de vista lingüístico, los conectores juegan un papel importantes; son habituales los de carácter temporal (al poco tiempo, años después), los de ordenamiento (a continuación, seguidamente, por último, en suma) y los de causa-efecto (ejemplo: por consiguiente, por lo tanto).

En clasificaciones clásicas encontramos ensayos históricos, literarios, filosóficos, científicos, críticos, etc., lo cierto es que el tema es totalmente libre (elegido por el autor) y la disertación y el enfoque del mismo varía en función de su objetivo… reflexión, explicación, descripción, crítica, etc.

Desde un punto de vista didáctico, el ensayo ayuda a los alumnos (y docentes) a estructurar las ideas, a argumentar, a redactar correctamente, a potenciar el espíritu crítico y reflexivo… en definitiva un buen ejercicio, compendio de desarrollo de las inteligencias múltiples.